Una frase que te represente como docente: “Cada duda abre una oportunidad para entender mejor y seguir aprendiendo”.

¿Cuál es tu formación y experiencia?

Soy psicóloga general sanitaria colegiada con número M-43711. Graduada por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Máster en Análisis de Conducta Aplicado a la Práctica Clínica en Instituto Libertia.

Me di cuenta de que me gustaba la docencia incluso antes de ser docente. Durante la carrera me apasionaba explicar a mis amigas los conceptos de análisis funcional que había aprendido en clase y me ilusionaba ver que les resultaban igual de útiles e interesantes que a mí. Comencé a cursar todas las asignaturas de la universidad enfocadas desde esta metodología de análisis y a inscribirme en distintos cursos para seguir aprendiendo.

Descubrir el análisis funcional de la conducta marcó un punto de inflexión en mi trayectoria como estudiante y es precisamente lo que me motiva a ejercer como docente: poder transmitir a otras personas aquello que a mí me despertó tanta curiosidad y pasión, así como acompañarlas para que puedan incorporarlo a su propia forma de entender y ejercer la psicología.

¿Cómo describirías tu forma de enseñar?

Para mí es muy importante poder ajustarme al nivel de cada persona, así como a sus intereses y motivaciones. Me gusta enseñar desde la cercanía y desde la práctica, intentando que los contenidos no se queden únicamente en la teoría y llevándolos a situaciones reales que puedan aplicar a su día a día.

También considero muy importante crear un espacio en el que preguntar y equivocarse se conciba como parte natural del proceso de aprendizaje. Muchas veces una duda, una experiencia o una forma diferente de entender un caso puede enriquecer enormemente el aprendizaje de todo el grupo. El objetivo no es que la persona tenga todas las respuestas, sino que pueda aprender a hacerse buenas preguntas, analizar lo que está ocurriendo y desarrollar progresivamente su propio criterio.

¿Qué te emociona de tu trabajo como docente?

Ver cómo las personas a las que enseño le encuentran sentido a aprender desde el análisis funcional y poder crear un espacio donde los errores no se vean como algo negativo, sino como algo necesario para poder seguir aprendiendo. Además, la combinación entre la docencia y la práctica profesional como terapeuta me resulta especialmente enriquecedora, dado que considero que ambas áreas se retroalimentan constantemente. La experiencia profesional aporta una perspectiva práctica a la enseñanza, mientras que enseñar me obliga a seguir revisando, cuestionando y profundizando en aquello que hago.

¿Qué te ha enseñado tu experiencia como docente y psicóloga?

Que detrás de cada profesional hay un proceso de aprendizaje, con sus dificultades y sus retos, y que nadie parte de la misma base. Cada persona parte de unos conocimientos, unas experiencias y unas necesidades diferentes. He aprendido la importancia de adaptar la forma de explicar y de no dar por supuesto que lo que para mí resulta evidente lo es también para otra persona.

¿Qué consideras fundamental para que tus alumnas se sientan acompañadas y apoyadas?

Para mí es fundamental que sepan que no es algo negativo tener dudas, incluso cuando sienten que son preguntas “básicas” o cuando no tienen muy claro cómo plantear un problema. Estoy abierta a que puedan expresarme sus inquietudes y a ayudar con todo lo que esté en mi mano. Al mismo tiempo, considero importante que mi acompañamiento les ayude progresivamente a ganar autonomía y confianza en su propio criterio profesional.

 

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